12 ago. 2012

crónicas

Me despertó una melodía, no sonaba muy alto. Era un eco lejano apenas audible.. sin embargo, despertó mis sentidos de una manera suave pero infalible, como un marinero sin rostro que fuera recogiendo un ancla hundida en el mar de la noche. Me senté sobre mi cama, agucé el oído mirando hacia la ventana. Era mozart sin duda. A la cabecera de mi cama, las agujas del reloj señalan las cuatro de la madrugada. ¿Quién podría estar escuchando música a todo volumen a esta hora?. Después de veinte minutos ya me había despejado del todo, la noche era agradable y poseía una profundidad intima. con ambas manos detrás del cuerpo respiré hondo y deje llevarme por la hermosa música y el aire de la madrugada. Empecé a sumergirme en mis pensamientos, y en el eco de mi mente resonaba, quiero abrazarlo, quiero que el me abrace, ya no quiero más problemas. Eso no tardó en convertirse en un estruendo insufrible bloqueándome cualquier actividad del día. Así que fui a la cocina, tomé un café, y volví a la cama, donde dormí fácilmente.

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